Discurso de boda del padre de la novia
Un padre de pocas palabras, una hija reservada y un puñado de recuerdos. Esto es lo que OlivIA hizo con ellos.
Lo que nos contó
- Soy el padre de María, que se casa con Juan
- De pequeña lloraba por salir del cole, no por entrar
- Se peleaba por no subir al coche; hoy ni tiene carné
- Es muy dormilona: tres alarmas en tres despertadores
- Se conocieron en un viaje a Tailandia y ya tienen dos hijas
El día que conocí a María era ella muy pequeña…lo contrario sería extraño siendo su padre… A Juan le conozco desde hace menos, la verdad… y aun así ya le he cogido cariño.
Parece mentira todo lo que cambia una hija desde ese día en el que nace hasta hoy en que se casa. Toda una vida de experiencias juntos y sigue sin gustarle subir al coche. Quién me iba a decir a mi que echaría de menos esas discusiones cada vez que viajábamos… Eran discusiones cortas, un chistecito, unas cosquillas y adiós enfado. (Toma nota Juan).
Hay quien dice que las chicas buscan que su pareja se parezca a su padre. En el caso de María lo tenía complicado. Necesitaba a alguien que fuera buena persona, alegre y ciertamente atractivo… pero llegó Juan y desmontó el dicho. No se parece a mí, ¡me supera!
Lo único que cuenta es que hoy María está feliz. O eso parece. Al menos tiene el mismo brillo en los ojos que tenía cuando la llevábamos al cole… los demás niños lloraban por ir al cole y ella lloraba porque no quería salir de allí. No digo que el matrimonio sea para María como ir al cole, es mejor. No se acaba. No hay que llorar.
Hay cosas que nunca se te olvidan cuando eres padre: la primera vez que tu hija dice "papá", el primer diente, el primer discurso de boda… Cuando tuve una hija nunca pensé que estaría dando un discurso en su boda. Parece que fue ayer cuando se tragó aquella pinza del pelo y tuvimos que estar dos días buscándola entre sus cacas y mírala hoy…
Mi hija es algo reservada, en eso ha salido a mí. No me cuenta demasiadas cosas. Una vez le pregunté qué tal todo y me mandó a la mierda. Claro, esa mañana solo había tomado tres cafés…todavía no estaba para hablar. Supongo que cuando os conocisteis en Tailandia, el cambio de hora, el jet lag… algo ayudó…
Nadie te enseña a ser padre. Ni abuelo. Habría que pasar un cursillo homologado para serlo, a ver cuántos aprobábamos… Pero tampoco nadie te enseña a ser hija, ni novia, ni madre… y tú lo has hecho como la mejor. El examen de yerno, viendo la cara de mi hija, parece que Juan también lo está pasando con nota.
Os deseo lo mejor en esta aventura.
Vivan los novios!
¿Quieres el tuyo?
Cuéntame cuatro detalles y te escribo un discurso así, a tu medida.
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